← Volver a la comunidad
Comunidadnotiviral.com
Comunidad· 21 de agosto de 2026 a las 8:45 p. m.

CERIMEDO Y LA FÁBRICA DE VIRALIDAD: BOTS, TROLLS E INGENIERÍA SOCIAL PARA DISPUTAR EL SENTIDO COMÚN

Omar Silvestre (El arqui)
Omar Silvestre (El arqui)

Omar Silvestre (El arqui)

CERIMEDO Y LA FÁBRICA DE VIRALIDAD: BOTS, TROLLS E INGENIERÍA SOCIAL PARA DISPUTAR EL SENTIDO COMÚN

Lo que ocurrió con Fernando Cerimedo, con el allanamiento de inmuebles vinculados a él y el hallazgo de lo que la Fiscalía boliviana describió como una “mini granja de bots”, reabre una discusión mucho más profunda: el papel de la ingeniería social y de las estructuras digitales en las nuevas derechas de América Latina y del mundo. Para entender la ingeniería social contemporánea tenemos que comprender dos cosas. Primero: nuestras sociedades han comenzado a relacionar viralidad con realidad, viralidad con verdad, viralidad con credibilidad y viralidad con consenso. Cuando una publicación tiene 100.000 likes, miles de comentarios y aparece repetida una y otra vez, una parte de los usuarios interpreta inconscientemente que está frente a algo importante, verdadero o respaldado por una mayoría. Ahí está el poder de una granja de bots: no necesita convencerte directamente de una idea; puede intentar fabricar primero la sensación de que miles de personas ya están convencidas. Segundo: los centros de trolls pueden funcionar como verdaderas “cocinas de narrativas”. Se identifica un adversario, se construyen mensajes simples y emocionalmente potentes, se repiten conceptos y se busca amplificarlos hasta instalarlos dentro de la conversación pública. En determinadas estrategias de derecha construidas alrededor del “anti”, la polarización se convierte en una herramienta política permanente: antiizquierda, antiperonismo, anticomunismo, antiwoke, antiprogresismo. El adversario deja de ser alguien con quien disputar un proyecto de sociedad y pasa a convertirse en un enemigo que debe ser desacreditado permanentemente. En términos hegelianos, se habita parasitariamente la negatividad. No se busca superar la contradicción: se necesita conservarla porque de ella se obtiene identidad, cohesión y movilización. Pero la ingeniería social no termina cuando una publicación se vuelve viral. Su verdadero éxito llega cuando ya no necesita al bot. Cuando una persona real incorpora esa narrativa, la reproduce voluntariamente, insulta, confronta, señala adversarios y lleva esa lógica desde las redes hacia su trabajo, su familia, su universidad, su barrio y sus relaciones cotidianas. Entonces el usuario comienza a comportarse como un troll sin formar parte de ninguna granja de trolls. Y ahí aparece la verdadera disputa: la micropolítica de la vida cotidiana. Porque conquistar el sentido común no consiste solamente en ganar elecciones o dominar tendencias en X, TikTok o Instagram. Consiste en conseguir que miles de personas reproduzcan espontáneamente una determinada manera de interpretar el mundo. El objetivo final de la ingeniería social no es conseguir un millón de bots. Es conseguir que un millón de personas reales hagan voluntariamente el trabajo que antes hacían los bots.